Las víctimas y su verdad

Alfonso Sánchez

El 9 de septiembre de 1985 cogí el tren de Cercanías y fui a Guzmán el Bueno, en Madrid, donde teníamos la Unidad. Allí me monté en el microbús. Recuerdo perfectamente el relevo: bajamos la calle Raimundo Fernández Villaverde hasta llegar a la Plaza de la República Argentina. Eran las 07:20 horas de la mañana y estaba frente al semáforo. Todavía era de noche, pero en un momento se hizo día. Vi muchos colores: rojo, amarillo, negro…

Se me reventaron los tímpanos y perdí el oído. Tenía la cara llena de sangre.

Me refugié detrás de un árbol y cuando pude hacerme con la situación, sacamos a los heridos más graves fuera del microbús y los tumbamos en una zona fuera de los disparos. Afortunadamente, no murió ninguno de los guardias civiles que trabajaban conmigo ese día, pero por desgracia sí un civil que se encontraba haciendo footing por las inmediaciones: Eugene Kenneth Brown.

Cada atentado terrorista condiciona la vida de la víctima absolutamente, y la mía está marcada por ese 9 de septiembre de 1985. Pero no sólo por ese día; también por todos en los que tuve que enterrar a compañeros por la puerta de atrás y por todos en los que veo que las víctimas del terrorismo no reciben la justicia y el reconocimiento que merecen.

Lo peor no es la metralla que aún sigo teniendo en el cuerpo, ni las heridas psicológicas que aún conservo: lo peor es lo que le vamos a dejar a las generaciones venideras. ETA ya no mata, pero ahora está en las instituciones intentando blanquear una historia de terror y vidas rotas.

Desde que soy Presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) esa ha sido siempre una de mis máximas: velar para que permanezca el verdadero relato. Este no es otro que el de las víctimas, unas personas a las que un día unos sanguinarios terroristas decidieron destrozarles la vida.

Muchos de estos relatos podéis verlos en el Proyecto Testimonios y en el documental Voces Calladas. El verdadero relato. Todo está disponible en el canal de Youtube de AVT de forma gratuita y al completo. Porque desde la AVT consideramos que tenemos la obligación de ofrecer la verdad. La única verdad del terrorismo.

Claro que las víctimas ansiamos un final. Pero queremos un final ordenado. Con vencedores y vencidos. Con un relato veraz. Y con unos terroristas que cumplan sus condenas, manifiesten un arrepentimiento sincero, reconozcan el daño causado, se disuelvan como organización terrorista, que entreguen todas las armas y colaboren con la Justicia.

Todo ello sin olvidarnos de las víctimas y sus necesidades. Los estudios del departamento psicosocial de la AVT han demostrado que las víctimas de atentados no sólo necesitan atención psicológica de forma inmediata, sino también a medio, largo y a muy largo plazo, incluso 20, 30 o 40 años después. Esto no sólo pone en entredicho la idea popular de que el tiempo lo cura todo, sino también cuestiona las políticas sanitarias y sociales que implican que, pasados 3 o 6 meses desde los atentados, ya no son necesarios los servicios o las ayudas para la atención psicológica a las víctimas. Por eso en la AVT trabajamos sin descanso para que cada víctima tenga la atención que merece. Nosotros no elegimos que el terrorismo nos destrozara la vida.

Yo, Alfonso Sánchez, víctima del terrorismo y Presidente de la AVT, siempre velaré porque las víctimas y su verdad sean los héroes de esta triste historia que ha teñido de sangre España durante más de cinco décadas.

Alfonso Sánchez es guardia civil retirado. Desde 2016 preside la AVT, Asociación de Víctimas del Terrorismo.



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